Para hablar de información en
nuestros días hay que hablar de conexión, porque para más de la mitad de la
población del mundo desarrollado, el internet y las redes sociales (incluida la mensajería
instantánea); son la primera fuente de acceso a las noticias y opiniones (no los
libros, ni la televisión, la radio o la prensa escrita). El rol que juegan las
redes sociales y el impacto que ellas generan en las personas, son capaces de generar contenido que se propagará por el mundo en segundos; información valiosa, pero
también, argumentos falsos con intereses nada dignos, que amenazan a la población y que las personas
validan como ciertos, datos que en realidad, nadie ha verificado o certificado.
Una información falsa que se convierte en viral, pone en riesgo la seguridad de las personas que deciden cómo actuar
frente al COVID 19, en función a argumentos incorrectos y en muchos casos
falsos, pudiendo acarrear la pérdida de vidas humanas.
El anonimato y la falta de
control en la producción de contenidos nos han llevado a un punto donde
ilustrados y eruditos tienen menos influencia que los personajes de a pie que hacen viral información engañosa de manera inescrupulosa.
No nos engañemos, la desinformación y la manipulación de noticias por parte de algunos sectores siempre ha existido. Nos encontramos ante tiempos de falta de rigor y veracidad. En una red donde la comunicación es fácil, barata y accesible; las mentiras se convierten en verdad al ser compartidas millones de veces.
La solidaridad y el cuidado de los demás, no significa, solamente, cumplir con las normas de sanitarias sugeridas por las autoridades de cada país. La responsabilidad cívica y la garantía de acceso a la información, supone cuidar el contenido de calidad. Impulsar los hábitos que nos protejan del tráfico de datos en el mundo digital. Prestar atención a los contenidos que cada persona recibe y replica, desde sus teléfonos móviles, en formato de audios, cadenas de textos o aparentes noticias periodísticas y comprobar su veracidad antes de retransmitirlo. Tenemos el deber de mantener la calma frente al bombardeo informativo y ser cautelosos, amplificar aquellos contenidos que están verificados por fuentes confiables de información y sobre todo, que generen conciencia.


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